Actualmente existen diversas
definiciones de salud. Las podemos clasificar someramente en aquellas basadas
en consideraciones estadísticas (la norma), idealistas y funcionales. Las
primeras reconocen como saludable lo que la mayoría de las personas
experimentan en algún momento dado, las segundas consideran algún ideal o
fantasía a seguir como esencia de la salud. Las terceras consideran que es
saludable una situación en función del objetivo o lo que es buscado por las
personas.
Con la idea de simplificar la
comprensión podemos decir que en las primeras lo que hace la mayoría es saludable, esta idea es cuestionable
pues, no porque la mayoría de las personas consuma alcohol en Chile quiere
decir que esta es una conducta saludable.
Las definiciones de salud basadas
en ideas o ilusiones son cuestionables en tanto inalcanzables, ambiguas e
irreales. Como ejemplo de estas podemos citar la que es mayormente reconocida
por el mundo de la salud hoy en día, la de la Organización Mundial de la Salud
que plantea que la salud es “un estado de completo bienestar físico, mental y
social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Las definiciones funcionales
olvidan aspectos morales y éticos comprometidos en el concepto de salud y
podrían, por tanto, generar sufrimiento a quien busca la salud y a quienes le
rodean toda vez que al enfocarse en los fines podrían olvidar la importancia de
los medios.
En el dominio de la psicología es
posible construir una definición de salud. Lamentablemente y como he escrito
con anterioridad, no existe un psicología sino múltiples psicologías, todas con
distintos objetos de estudios y distintos métodos para abordarlo, todas
plantean tener razón en su forma de valorar y que las otras visiones o
psicologías son erróneas. Así de múltiple es la posibilidad de encontrar en la
denominada “psicología” un concepto de salud.
Si bien la situación anterior
parece desalentadora existe una construcción que nos puede ayudar a definir un
concepto de salud con algún éxito. Esta es el de la terapia psicológica, es
decir el del tratamiento por medios psicológicos para buscar la salud.
¿Qué es lo que buscamos por medio
de la terapia psicológica?. ¿Qué es lo que podemos conseguir con ella y como
estas consideraciones nos permiten vislumbrar un concepto de salud?.
Cuando una persona llega al
espacio de la terapia psicológica lo hace empujado por el sufrimiento propio o
de quienes le rodean. Este sufrimiento es vivenciado por la persona como uno
inevitable y persecutor, uno al que de manera individual no ha podido hacer
frente. Un sufrimiento que se repite de manera ineludible, compulsiva e
involuntaria para el afectado.
Para que el desenlace de una
situación vital tenga las característica antes mencionadas, es requerimiento
que la persona afectada esté realizando de forma repetitiva, como un patrón o
una rutina, comportamientos que le llevan al sufrimiento como desenlace. En
este sentido es que el objetivo de la terapia psicológica es el cambio de estos
patrones o rutinas cuya rigidez se constituye en el principal enemigo del
afectado y terapeuta en el proceso terapéutico. Mientras que el principal
aliado de ambos es por tanto la flexibilidad, la tendencia al cambio.
En conclusión, considerando el
marco anterior, podemos plantear que una persona saludable desde el punto de
vista psicológico es una persona que tiende a la flexibilidad en sus
comportamientos, con capacidad de modificarlos cuando le resultan dolorosos,
mientras que la tendencia a la rigidez comporta un acercamiento a la
enfermedad.
Explicar que hace que una persona
tienda a la rigidez o flexibilidad implica unas consideraciones más profundas
que involucran a la que podríamos denominar energía psíquica, la amenaza de
muerte, búsqueda del placer y respuesta ante el malestar. Cuestiones de alta
complejidad.
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