martes, 27 de mayo de 2014

COLORES Y EMOCIONES


Vivimos en un mundo rodeado de colores. Podemos percibir el amarillento que emerge de las montañas en el amanecer, el cielo rojizo del crepúsculo que posteriormente cede su espacio al azul que progresivamente se oscurece en la noche. El televisor nos inunda de intensos y nítidos colores, a la vez que el monitor de un computador presenta una resolución y gama increíbles de tonalidades diversas que podemos disfrutar en cada momento.

La influencia que los colores tienen en nosotros ha sido estudiada por diversos autores dentro de los que destaca el aporte del fisiólogo alemán Ewald Hering con su teoría del contraste. Dicha teoría se refiere a los cambios de la sustancia rodopsina que se encuentra en la retina humana, y cuta transformación frente a la influencia de la luz genera los impulsos nerviosos que configuran la percepción del color.

A diferencia de las formas o contornos que generalmente dan cuenta de la energía yoica y aspectos racionales e intelectuales de quien las perciben. En general los colores hablan de nuestra emocionalidad, de nuestros conflictos, preferencias, focos de tensión, ansiedad e incluso las problemáticas que atravesamos en determinados momentos.

Pero no solamente los colores dan cuenta de cómo percibimos el mundo sino, que también son una forma en que el mundo incide en nosotros. Influyen tan fuertemente  que generan respuestas corporales inconscientes frente a ellos. A modo de ejemplo, el color rojo estimula el sistema cardiovascular, acelera nuestro corazón y aumenta la presión sanguínea. El azul oscuro puede despertar en quien lo ve relajación y serenidad, ejerce un efecto sedante. El amarillo moviliza a la acción y el verde produce tensión, facilitando el deseo de actividad, firmeza y perseverancia.

De los efectos de los colores bien saben los publicistas, quienes les dan uso para despertar el interés de los potenciales clientes.

De cómo indican las características de la personalidad saben los profesionales de la psicología quienes han llevado este conocimiento a niveles tan elevados, que han podido producir con ello pruebas psicológicas proyectivas complejas como es el test de los colores de Luscher. Muchas veces el color de la vestimenta entrega indicios de algunas características de las personalidades de quienes las llevan.


La invitación es a poner atención a los colores que nos rodean, como los utilizamos, como afectan en nosotros y las emociones que nos despiertan.  Centrarnos en nuestra emocionalidad, en el sentimiento. Sin olvidar que las emociones son las que sazonan nuestra vida, nos movilizan, aquellas que permiten las grandes creaciones del arte. Considerando a la vez, que estas mismas emociones muchas veces nos pueden traicionar transformándose en un verdadero impedimento a la hora de conseguir nuestros objetivos.


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